"Me estoy despidiendo del lugar". Isabel Gavidia tira de su carrito. Lleva verduras recién compradas en los puestos del viejo Abasto. "Vivo en la calle Libertad al 300, y siempre hice aquí mis compras. Voy a extrañar esto", dice a LA GACETA con cierta pena. Ella transita entre las chapas de los puestos -muchos de ellos atendían las 24 horas- y esquiva a algunos obreros que

El entorno de la zona toma otro panorama. Los vendedores de frutas y verduras que aún quedaban en el lugar desarmaron ayer sus puestos, entre resignados y dispuestos a abrirse camino. Mucho silencio; caras largas. Algunas bromas "pesadas" a las cronistas: "chicas, saquen la foto, que ya me voy a tener que ir". Anoche ya no quedaba ni uno solo de los precarios locales en pie. Desde mañana, el Abasto tendrá otra fisonomía. Central Tucumano, un complejo de 22.000 metros cuadrados de Vizora Desarrollos Inmobiliarios, abrirá sus puertas. Allí funcionará una sala de entretenimientos, un centro de congresos y convenciones con capacidad para 600 personas, y un teatro. "Creemos que Central Tucumano será un importante motor para el turismo local, tanto social como corporativo", señaló Milagros Brito, Presidente de Vizora Desarrollos Inmobiliarios. "Y nos sentimos felices de haber devuelto su brillo a un espacio de encuentro que fue clave durante décadas en la vida de Tucumán".

También se inaugurará el Hilton Garden Inn Tucumán. Lo tradicional se fusionará con lo moderno. "La marca Hilton Garden Inn está comprometida a la expansión global e introducir nuestra marca a nuevos mercados, comprobado con este último acuerdo en Tucumán", comentó Adrian Kurre, líder global de Hilton Garden Inn. El hotel contará con una superficie de 8.200 metros cuadrados y 103 habitaciones dispuestas en cinco niveles. Entre otros amenities de lujo, ofrecerá una suite presidencial de características únicas para la región.

Un puerto de frutos
A los puesteros les habían prometido reubicarlos en un local privado sobre General Paz al 1.500. "Iba a ser un Puerto de Frutos", comentó Roberto Albertus. "Se hicieron relevamientos durante cuatro meses; no sé con cuántos funcionarios de la Municipalidad hablé", acotó. El subsecretario de Planeamiento de la Municipalidad, Luis Lobo Chaklián, había anunciado que se pretendía mantener el concepto del viejo Abasto. Pero eso no sucedió. "De pronto, no hace ni tres días, hubo cambio de orden", agregó Albertus. Y continuó: "entonces, le ofrecieron a cada puestero $ 10.000". Así comenzó el peregrinaje de los puesteros. Algunos están dispuestos a alquilar locales cerca del Abasto; otros piensan comprar una camioneta y circular en busca de clientes.

Pero hay gente que se siente discriminada. Juan Manuel Suárez y Norma Ale dicen que desde hace 15 años tienen sus puestos de venta de choripanes, y que nadie les ofreció una salida. A sus quejas se sumaron las de Luis Adrián Quintana y Aldo Leyes, que -aseguran- trabajan de serenos en la zona desde que se cerró el viejo mercado. "Nosotros no nos vamos. De aquí no vamos a movernos; también tenemos derecho a que nos dejen trabajar", dijo Suárez en nombre de todos.